Collado de Quebrantaherraduras

Una mirada de alegría, una gota de sudor, una sonrisa por dejarnos llevar por nuestros instintos más primarios. La felicidad está en cada uno de nosotros y se manifiesta de manera distinta pero al final, qué poco necesitamos para disfrutar de una niñez en todo su esplendor.

Ante la insistente petición por parte de nuestros alumnos/as, hicimos una primera parada en el Collado de Quebrantaherraduras, donde degustamos nuestros preciados tentempiés que seguramente nuestros padres habrían preparado con todo cariño. El camino acababa de empezar y cada vez se hacía más angosto y con una cierta dificultad, propia de la Sierra de Guadarrama.

 Como en toda excursión los había que se quedaban un poco más rezagados y teníamos que tirar de ellos, los que mantenían un ritmo constante mientras charlaban con compañeros y amigos, y los que dejaban una vez más que fuesen sus “yo” aventureros los que dominasen en esta maravillosa ruta.

Aprendimos a orientarnos en la montaña, a respetar la naturaleza en todo su estado (vegetación, ruido, animales…) a disfrutar de cada paso que dábamos pendientes de cualquier cosa que se saliera de lo normal.

Un año más nos damos cuenta de lo importante de esto tipo de actividades que rompen con las clases convencionales, donde los niños se manifiestan de una manera distinta a como lo suelen hacer en el aula o incluso dentro del mismo recinto escolar. Espontaneidad, alegría, cansancio, paciencia, observación, júbilo… Tantas cosas por aprender, y qué mejor manera, que en contacto con nuestra propia naturaleza, sin ningún tipo de frenos, obstáculos o filtros que nos hagan ser tal y como somos.